
Gracias a un noble cacereño y su vajilla podemos disfrutar hoy en día de un paseo por las calles del Viejo Cáceres:
En 1810, durante la Guerra de la Independencia, las tropas francesas pidieron 300.000 reales y provisiones para el ejército a cambio de no destruir la ciudad. (Algo imposible de cumplir.)
Pero Don Pedro Cayetano Golfín le ofreció al mariscal francés Soult una vajilla valorada en 2.000.000 a cambio de que dejara la ciudad intacta. El mariscal aceptó el trato y de esta manera, Cáceres se salvó de la destrucción.
