En un recodo tranquilo de la provincia de Cáceres, entre la sierra de Cañaveral y los valles del Jerte y del Alagón, se halla un pequeño rincón que alberga el Convento de El Palancar. Los lugareños se refieren a él también como el Conventino o el Conventico. El diminutivo se debe a sus reducidas dimensiones. Tan reducidas, que con casi total seguridad se puede decir que se trata del convento más pequeño del mundo.
El origen del convento
Corría el año 1557 cuando Rodrigo de Chaves donó una casa humilde y apartada, situada junto a la fuente de El Palancar, a Fray Pedro de Alcántara. El fraile la convirtió en un convento de mínimas dimensiones. Los 72 metros cuadrados albergaban celdas para ocho hermanos franciscanos, una capilla, despensa, cocina, comedor y patio de luces.
Cuando llegamos a nuestro destino en este apartado lugar por una carretera que no existía hasta los años 60, vemos un conjunto de edificios anexos de una gran altura y superficie.
¡¿Pero no era éste el convento más pequeño del mundo?! El conjunto de edificios, la iglesia y el nuevo convento, anexados al edificio original, son del siglo XVIII. El Conventino se encuentra en su interior. Para verlo simplemente hay que tocar el timbre en la puerta de la entrada y esperar con paciencia hasta que uno de los frailes franciscanos nos abra la puerta y nos invite a entrar.

El Conventino paso a paso: una construcción llena de simbología
Siguiendo los pasos de nuestro guía, atravesamos la iglesia y entramos en un patio porticado. Estos espacios, de un tamaño habitual, son de construcción posterior.
Sin embargo, estamos a punto de entrar en el convento más pequeño del mundo por una puerta que llama la atención por sus dimensiones. Es el primer punto donde vemos plasmadas metáforas bíblicas en la arquitectura del convento.

Según la Biblia, la puerta ancha simboliza el camino fácil y espacioso, tomado por muchos, pero que conduce a la ruina. En cambio, al puerta estrecha al cielo representa un camino angosto, difícil y menos transitado, pero que lleva a la vida eterna. En resumen, la «puerta estrecha al cielo» es una invitación a una transformación radical de vida, donde el individuo se somete a Dios a través de Jesucristo, eligiendo un camino de fe y rectitud en lugar de la amplitud de las tendencias mundanas.

Desde una especie de antesala pasamos por una segunda puerta hacia el patio de luces. Esta puerta también tiene una peculiaridad: es muy baja y pasando por ella hay que agachar la cabeza. El obligado gesto recuerda al visitante que hay que ser humilde. En la fe cristiana, la humildad es fundamental para la sumisión a la autoridad divina, la práctica de la justicia y el amor, y es la cualidad que permite el desarrollo de todas las demás virtudes, haciendo posible una relación genuina con Dios.
El patio de luces es tan pequeño que si el visitante quiere documentarlo mediante una imagen, tendrá que, sí o sí, acudir a la ayuda de cámara con gran angular.
Debajo de la escalera que sube a la primera planta, y donde se encuentran ocho celdas para los frailes, está la celda más pequeña donde no hay espacio para que una persona se pueda tumbar. Es el lugar donde dormía San Pedro de Alcántara, sentado en una piedra, con la cabeza apoyada en una madera.

Según las narraciones de Santa Teresa, su amigo y consejero Fray Pedro de Alcántara dormía sólo hora y media al día. ¿Será verídico este dato? Por una parte, el cuerpo humano necesita bastante más tiempo para descansar. Pero por otra parte, los noventa minutos se corresponden con un ciclo completo de sueño.
La visita transcurre muy rápido por el minúsculo convento: nos asomamos a la pequeñísima cocina con chimenea, el humilde comedor sin muebles donde los frailes comían arrodillados, la despensa y el santuario con un mosaico que data de los años sesenta del siglo pasado. Termina la visita, nos despedimos del fraile franciscano que nos ha hecho de guía y saliendo del convento podemos dejar un donativo.

San Pedro de Alcántara
San Pedro de Alcántara es uno de los patrones de Extremadura, junto con la virgen de Guadalupe. Nació en Alcántara en 1499, en una familia noble, como Juan de Garavito y Vilela de Sanabria. En 1516 abandonó sus estudios en la Universidad de Salamanca para dedicar su vida a la penitencia extrema dentro de la Orden Franciscana.
Fundó el Convento de El Palancar que hoy se conoce como el convento más pequeño del mundo. Viajó por Extremadura y Portugal, generalmente a pie y descalzo. Hay testimonios de una entrevista del fraile con el emperador Carlos I, del cual rechazó ser el confesor. Se le atribuyen varios milagros como caminar sobre el agua, no mojarse durante una tormenta o curación de enfermos. El fraile franciscano murió en San Pedro de Alcántara en 1562 a los 63 años. Fue canonizado en 1669 por Clemente IX.
Un lugar para reflexionar
El viaje al convento más pequeño del mundo no nos lleva solamente a conocer una parte de la historia de Extremadura sino también a la reflexión, seamos cristianos o ateos. Impacta ver la reducción del espacio a lo imprescindible, la sencillez y la austeridad en la que decidieron vivir sus primeros habitantes. En medio del silencio que sigue reinando por estos lares, surgen inevitablemente preguntas sobre creencias, los tiempos antaños y la actualidad, lo material y lo espiritual.

Cómo llegar
Desde la autovía A66 tomamos la salida 505 y luego la carretera EX-109 dirección Torrejoncillo. En breve veremos a la izquierda un desvío hacia el pueblo de Pedroso de Acim por la CC-164. Pasando el cementerio de Pedroso de Acim giramos a la izquierda. La carretera nos llevará directamente hasta el convento.
Otra opción es, pasando el cementerio, seguir recto hasta el pueblo. En la plaza principal veremos al fondo una torre con reloj. Subimos por la calle Grimaldillo que está a su izquierda y por un camino de campo, bastante estrecho e incómodo, llegaremos al Convento de El Palancar. Este segundo camino era el único acceso al convento hasta los años 60, ya que la carretera directa desde el cementerio no existía.

Horarios de visita (horario de invierno, última actualización octubre 2025):
LUNES: cerrado
MARTES: 10.00 – 10.45 – 11.30 – 12.15 – 13. 00- 16.60 – 17.15 – 18.00 – 18.45
MIÉRCOLES: 10.00 – 10.45 – 11.30 – 12.15 – 13. 00- 16.60 – 17.15 – 18.00 – 18.45
JUEVES: cerrado
VIERNES: 10.00 – 10.45 – 11.30 – 12.15 – 13. 00- 16.60 – 17.15 – 18.00 – 18.45
SÁBADO: 10.00 – 10.45 – 11.30 – 12.15 – 13. 00- 16.60 – 17.15 – 18.00 – 18.45
DOMINGO: 10.00 – 10.45 – 11.30 – 12.15 – 13. 00- 18.15 – 18.45
FESTIVOS: 10.00 – 10.45 – 11.30 – 12.15 – 13. 00- 18.15 – 18.45
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