MIRADA FORAXÍA: Muy de provincias

Me gusta hablar con los extremeños sobre su tierra y contrastar mi mirada foraxía con la suya. Durante estos debates a menudo escucho: esto o aquello es ‘muy de provincias’; dicho con un tono avergonzado, una mijina despectivo, casi pidiendo perdón.

El turista, llegado de la gran urbe a ‘las provincias’, quizás no encuentre toda la información en internet y tendrá que preguntar a desconocidos. Quizás se extrañe cuando vea las tiendas cerradas un sábado por la tarde: momento en el cual hasta comprar una barra de pan se puede convertir en una odisea.

Puede que en los pueblinos tenga que elegir entre el bar de la esquina y el bar de la plaza (ambos con barra de aluminio) y en ninguno harán pizza. En alguna ocasión llegará a su destino y aquello que aparece en Google Maps simplemente no existirá. O, en el mejor de los casos, cualquier cambio de horarios o ubicación estará anunciado a la antigua: con un papel pegado en la puerta.

Pero ¿y si ese viajero le acabará cogiendo el gusto a olvidarse del móvil un rato y tener conversaciones con desconocidos? ¿A ver paisajes

en vez de escaparates? ¿A disfrutar de un plato de cuchara, bueno, bonito y barato? ¿A dejar de planificar todo al detalle e improvisar un poco?

… No siempre es malo ser reacio a los constantes cambios y cuestionar las modas.

… No siempre hay que perseguir lo nuevo porque lo nuevo no siempre es mejor.

… No siempre conviene la inmediatez: bajando el ritmo de la vida se hace hueco para las cosas importantes.

¡Y no siempre cuando algo es ‘muy de provincias’ significa anticuado! Puede que también sea sinónimo de lo AUTÉNTICO: cosa que fuera de ‘las provincias’ empieza a escasear.


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